Púgiles

de tinta I

LIBRO DE SÓLO 40 PÁGINAS PARA LA VIDA MODERNA.

RELATOS CORTOS PARA LEER EN TRES MINUTOS Y MICRORRELATOS DEL PERIODISTA ANDRÉS CARDENETE.

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este libro.

Presentación editorial del periodista y escritor Andrés Cardenete, que propone un brevísimo, entretenido y, a menudo, escalofriante recorrido por sus cuentos cortos, microrrelatos y relatos breves más populares.

Púgiles de Tinta es un reto literario; cada uno de sus ocho relatos es un croché directo a la mandíbula, una invitación para el lector a un juego en el que descubrir que, como bien sabe el misterioso marinero Damián, «la vida también va de eso».

 

Apariciones fantasmagóricas, misterios, crímenes y enigmas, cada una de las historias de esta brevísima colección, baila con maestría sobre la línea que separa la ficción de la realidad, la fantasía del realismo, la alegría de la tristeza. Junto a estos relatos principales se intercalan otros microrrelatos (o púgiles) no exentos de riqueza expresiva, poética y literaria.

«Són sólo 8 relatos breves y 9 microrrelatos; 40 páginas con pequeños textos que cuentan grandes historias. Un libro y unos textos ideales para nuestros días»

Andrés Cardenete

ocho púgiles.

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El marinero y el perro gris

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16:53

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Lo más oscuro del Infierno

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Crisis (grave) en una escena (breve)

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Otro cuento de Navidad

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Un crimen y otros trucos de Halloween

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De una bruja y un lobo

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Historia de un relato de verano

Púgil 1

El marinero y el perro gris

Llegué a la isla por accidente. Pese a las recomendaciones de mi padre, siempre me gustó navegar sola. Salí de Portonovo para hacer mi recorrido habitual vía Canarias. En aquella embarcación aprendí a navegar. Junto a su vela de proa me sentía mejor que en casa.

Después de comer me gusta sentarme en la popa y, perdida en alta mar, sumergirme en alguno de mis viejos libros. No recuerdo mucho más de aquella tarde. Si acaso, que la brisa que me acariciaba el pelo se fue afilando y que el sabor a sal que enjuagaba mi lengua ganó profundidad. Supongo que la calma chicha me sorprendió volviéndose norte y que me dispuse a campear cuando algo —quizá la botavara por un descuido— golpeó mi cráneo en el punto del desmayo.

Desperté sobre la suave arena, con el cuerpo envuelto en la húmeda caricia del mar y un penetrante dolor de cabeza. Por un instante creí que la sangre había humedecido mi ropa, pero me tranquilizó comprobar, entre jadeos, que no tenía herida alguna; pese al malestar. No sé el tiempo que pasé tumbada entre el desconcierto y las olas. Fue un extraño sonido el que me hizo reaccionar.

Un eco intermitente, casi metálico.

Me incorporé sentándome sobre la arena y sentí como el corazón volvía a enviar sangre a mis músculos y a mi cabeza. La borrosa y pequeña silueta se fue aclarando frente a mí. El sonido metálico se hizo soportable. Distinguí a un perro de pelo enmarañado y gris al que —aunque esto lo descubriría más tarde— le faltaba una oreja. Ladraba a unos metros de mi posición. Se puso a dar vueltas cuando logré levantarme; quería que lo siguiera. A duras penas pude hacerlo, apoyándome a cada rato en palmeras que resbalaban a la vista y tropezando en matorrales que adoquinaban el suelo, enredándose entre mis torpes pasos. Encomendé mi alma a Dios porque ese perro supiera lo que hacía y no tardé mucho en tener respuesta a mis plegarias. Al traspasar la entrada de una especie de pueblo rodeado por una muralla de piedra y yedra, el cielo se convirtió en suelo y el suelo en cielo, el mundo volvió a apagarse, mis rodillas cedieron sin previo aviso.

Desperté de este segundo desmayo en mejor posición. El mullido catre abrazaba mi dolor y la chimenea calentaba mi sangre y una olla de hojalata.

Damián —con su voz honda como el Atlántico— me ofreció un poco de caldo. Pasé varios días reponiéndome gracias a ese marinero de hombros anchos, que también resultó ser un sabio curandero. Me aplicaba los cuidados con delicadeza, pese a su rudo aspecto. Damián tenía la piel curtida por el salitre y, cuando me quejaba de mi dolor de cabeza o de mis mareos, me miraba indiferente, como…

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Púgiles

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páginas

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Púgiles de Tinta es una pequeña colección de relatos cortos, cuentos y microrrelatos diseñada para que las distracciones del día a día no te dejen sin un rato de buena literatura. Escritos para leer en no más de tres minutos, cada púgil es un breve pero intenso ejercicio de intriga y misterio. 

SOBRE EL AUTOR.

En casa preferían un médico o un abogado, pero en la ecografía salía un periodista. Supongo que el día más importante de mi vida fue el que aprendí a escribir. Aquello marcó el resto.

Cuando calzaba nueve años ya golpeaba torpemente las teclas de una vieja Olivetti que mi padre conservaba en el despacho y que daría un órgano por recuperar, pues se extravió en algún lugar del mundo. Emulaba las historias de «Los Cinco» e imaginaba mis primeros mundos.

Con los años acabé la carrera de periodismo y logré vivir de escribir, relatando las historias reales que contábamos a los oyentes de una emisora de la Cadena SER en la que fui Jefe de Informativos. Actualmente trabajo de escritor en una Agencia de Publicidad.

 Escribo relatos, sin ataduras ni complejos; con la misma ilusión (y a menudo torpeza) que aquel niño de nueve años que aporreaba las ruidosas teclas de una vieja máquina de escribir.

Andrés Cardenete

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DE RELATOS.

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