Aquel día yo seguía siendo un niño tan bueno como cualquiera que tuviera la edad para cursar 3º de EGB. Sin embargo, alguna trastada inocente tuve que hacer para que la seño Anamari me expulsara de clase y me mandara castigado a la biblioteca. Como ella, había otros maestros que siempre nos amenazaban con eso. “Como sigas así te mando a la biblioteca”, decían.

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