PÚGILES
DE TINTA

«¡Mira cómo te me has puesto!». La madre mira con seriedad al niño y el niño no sabe a dónde mirar. Desde luego, mejor que no mire al futuro. O sí. Cuando el presente te deja empercudido hasta el tuétano y sentado en una unidad de rescate cualquiera, el futuro, por incierto que parezca, es el único motor. Esto lo supongo, claro. No lo sé. Yo nunca he estado empercudido hasta el tuétano y sentado en una unidad de rescate. Si acaso, en urgencias por un esguince de tobillo. A mí me tocó vivir aquí.

La imagen que volvió a sensibilizarnos fue portada de las principales cabeceras del mundo. Lo normal, lo que suele ocurrir, es que en un tiempo veamos de nuevo al niño en las mismas cabeceras. Limpio, repeinado y preparado para ir a la escuela en el país que le haya dado refugio. La madre lo cogerá de la mano para acompañarlo, pero le advertirá. «¿Ves? Así estás más guapo y me dejas la conciencia más tranquila. No te me vuelvas a ensuciar. Recuerda la que liaste la última vez».

Y ambos seguirán adelante. Mientras tanto, nuestros aliados –o los aliados de aquellos con los que nos sentamos en la mesa– despilfarrarán bombas desde sus aviones. Segarán vidas. Cerrarán fronteras. Evitarán explicaciones. Tampoco habrá quien las pida: nuestros telediarios no dedicarán grandes minutajes al niño. Un día alguien volverá a fotografiar al niño ahogado en el mar o intentando atravesar un cordón fronterizo. O –quién sabe– en el mismo asiento de la misma unidad de rescate. Esa imagen nos volverá a recordar lo mal que lo están pasando muchos, pero volveremos a marcar distancias y a personalizar en el retratado sin fijarnos en el retrato. Acotaremos nuestra conciencia a uno sólo de los rostros del sufrimiento colectivo. Olvidaremos que hay más. Y que ocurre cada día. La madre volverá a mirar al pequeño fijamente, sin que él sepa si mirar hacia el futuro. «¿Otra vez me vienes así? ¡Mira que te lo tengo dicho! Yo con el follón de las terceras elecciones y, ahora, llegas tú ensuciándolo todo». El niño de la foto es un palestino, o somalí o sudanés, en un día cualquiera. La madre somos nosotros.

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