PÚGILES
DE TINTA

El tiempo y el cariño es el precio más alto que se cobra la muerte. Piensa bien tu próximo movimiento sobre el tablero, podría darle ventaja. En ‘El séptimo sello’, de Ingmar Bergman, mientras una epidemia de peste amenaza a los personajes, la muerte concede al caballero de las cruzadas Antonius Block una prórroga en la que ambos juegan una singular partida de ajedrez.

Durante su conversación con la parca, Block llega a una lúcida y triste conclusión: «He gastado mi vida en diversiones, viajes, charlas sin sentido. Mi vida ha sido un continuo absurdo. Creo que me arrepiento. ¡Fui un necio! En esta hora siento amargura por el tiempo perdido, aunque sé que la vida de casi todos los hombres corre por los mismos cauces. Por eso quiero emplear esa prórroga en una acción única que me de la paz». La muerte responde y revela a Block su propia trampa: «Es por lo que juegas al ajedrez con la muerte…». La partida que Block creía que acababa de comenzar había empezado mucho antes. Siempre estuvieron sentados frente a frente. Como lo está cualquiera. Como lo estás tú o como lo estoy yo.

Escena de la película El séptimo sello.

En la prórroga final, Block ansiaba esa acción que le diera la paz. Tal vez cuando lleguen esos instantes finales, usted o yo podamos recaer en las deudas que quedaron sin saldar, en las disculpas que rogar o en los amores por declarar. Cualquier acción que a usted o a mí nos traiga paz. O podemos llamarlo felicidad. Durante estas semanas «entre paredes» he visto cómo muchos han recuperado el contacto más cercano con la familia, el placer por aficiones como la lectura, la pintura o la música; el recogimiento de poder estar tiempo contigo mismo y descubrir que, en realidad, no hay mejor compañía; el lujo que es tener tiempo para jugar con tus hijos. Todas esas acciones únicas que nos traen la paz que ansiaba Block.

«Tal vez en esos instantes finales uno puede recaer en las deudas que quedaron sin saldar, en las disculpas que rogar o en los amores por declarar».
Volveremos de la manera que sea a los viajes al Caribe o a Camboya, a los festivales y a la barra del bar. Al igual que Block al final de la película, cuando da por perdida su partida, intentaremos engañar a la muerte con placeres efímeros y, como él, no caeremos en la cuenta de que es un imposible hasta que veamos como doblega a nuestro rey sobre el tablero.

Y, sin embargo, nuestra mejor jugada será no olvidar mañana las acciones en las que hoy hallamos la paz.

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